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La depilación láser y las técnicas de aplicación asociadas a ella son muy recientes. Tan recientes como que el descubrimiento de las posibilidades del láser para la eliminación del vello no deseado no tiene aún cuarenta años de existencia. El inicio de la historia de la depilación láser, la de su nacimiento, se parece mucho al descubrimiento de las microondas que hoy usamos con nuestros hornos caseros, o el de la penicilina; ambos fueron frutos de la casualidad.

La casualidad y la capacidad de su descubridor para relacionar causa y efecto son el inicio de la historia de la depilación láser.


El láser, un sistema que concentra la luz en un haz muy fino, fue descubierto en el año 1958, y constituyó uno de los mitos técnicos de la Guerra Fría, que inspiró la cultura popular durante décadas. Cómics, series de televisión o películas, acercaron las potencialidades del láser al imaginario tecnológico y futurista colectivo de las sociedades occidentales, sobre todo de la norteamericana. En esta coyuntura, los médicos de los años sesenta, también lo tenían presente. Siempre sospecharon que el láser podía tener una aplicación útil para la eliminación de tejidos dañados, y, por extensión, ser beneficioso para la depilación selectiva.

Sin embargo, las teorizaciones se acabaron y se dio paso a la práctica como consecuencia de un hecho casual. Sucedió, que un investigador que estaba probando diferentes ondas de láser a principios de los setenta, expuso su brazo de forma accidental al haz de luz. En un abrir y cerrar de ojos, vio como el vello del brazo desaparecía, aunque, y esto es lo sorprendente, sin afectar a la piel, sin quemarla. La valía del descubrimiento estuvo en que el técnico fue capaz de relacionar muchas semanas después las persistentes zonas sin pelo de su brazo, donde ya no crecía el vello, con aquel acontecimiento.

A partir de ahí, se inició la primera investigación para descubrir las posibilidades potenciales de los haces de luz concentrada para la depilación láser. Se probaron diferentes tipos de aparato y de ondas, sobre pieles y vellos de diferente naturaleza, hasta alcanzar, finalmente, la aprobación de la FDA estadounidense, la agencia estatal que autoriza los equipos y procedimientos médicos. Una institución de referencia a nivel mundial.

No obstante, la tecnología de la depilación láser estaba en los años setenta aún en mantillas, los primeros modelos comerciales arrastraban inconvenientes en ciertos casos concretos en los que las pieles muy sensibles resultaban sobreexpuestas produciéndose enrojecimientos, ampollas e inflamaciones, consecuencias hoy totalmente superadas.

Ése sería el comienzo titubeante de la historia de la depilación láser permanente y sus sistemas de aplicación que hoy podemos encontrar y disfrutar con total seguridad en muchas de las clínicas y centros especializados.

En estos cuarenta años, el sistema de depilación láser no ha detenido su evolución. Por un lado, mejorando las técnicas de aplicación sobre la piel para hacer más confortables los tratamientos; y por otro, optimizando el diseño de los equipos, cada vez más móviles, ligeros, sencillos y ergonómicos,

Así, al hilo de esa evolución, nacieron los tipos de aparatos especializados que hoy se reparten en los centros y clínicas para la depilación láser, los Rubí, Alejandrita, Neodimio y de Diodo, que se han ido adaptando a las necesidades médicas y estéticas actuales.

Una evolución, o línea de investigación paralela al láser, es aún más reciente, se trata del sistema de luz pulsada intensa, o también IPL, por sus siglas en inglés; que proporciona una depilación con luz que no es láser en sí, es lo que en lenguaje técnico se denomina fototermólisis selectiva que no es otra cosa que la aplicación de un haz de luz intenso, que penetra en el folículo y lo destruye, sin afectar al tejido circundante.

La historia de la depilación láser nació del brazo rasurado de un especialista. Su evolución no se ha detenido y su futuro son todo promesas para una tecnología con bondad de servicio.









Cuentan que ya desde la época del Antiguo Egipto era costumbre rasurarse el pubis para eliminar el vello púbico, utilizando para ello una mezcla compuesta de cera de abejas y azúcar o, en otras ocasiones, filos cortantes similares a navajas. Ahora bien, eran los hombres los que se depilaban y no las mujeres… También tanto griegos como romanos siguieron esta costumbre.

Claro que más curioso es lo que se hacía durante el siglo XIV, periodo en el cual los integrantes de la clase alta afeitaban sus partes nobles, si, pero es que además, utilizaban pelucas fabricadas… ¿adivinas con qué material?.

Curiosidades históricas aparte, lo cierto es que hoy en día tendemos, sobre todo las mujeres aunque entre los hombres también es una costumbre en alza, a eliminar sin más este poco estético elemento de nuestro cuerpo. Pero, ¿nos hemos preguntado alguna vez si tiene alguna utilidad ya que la madre Naturaleza nos ha dotado de él?.

1-Entre las distintas teorías existentes sobre la función real del vello púbico, la que tiene mayor cantidad de seguidores es la de que, como participa en la retención del aroma de las feromonas, sirve para estimular los sentidos y la libido del compañero sexual. ¿Qué son las feromonas?, son sustancias químicas que produce nuestro organismos para hacer llegar al otro el mensaje de que estamos preparados para el encuentro amatorio.

Y no sólo el aroma genital es, por así decirlo, afrodisíaco, también se considera que lo es, (de hecho antiguamente se fabricaban perfumes a base de ello), el olor característico que proviene del sudor de la axila, el de las glándulas sebáceas de la zona.

2-Otra teoría es que la existencia de vello crea una barrera que evita, desde el exterior, la llegada de virus o bacterias que puedan provocar infecciones genitales, sobre todo en el caso de las mujeres ya que protegen la entrada de la vagina. En este caso, se igualaría a la función que cumple, por ejemplo, el que se encuentra dentro de las fosas nasales. Pero esto no explica, a mi entender, porqué los hombres sólo cuentan con esta protección en la bolsa escrotal y no en el prepucio, o en el glande, que es por donde entran los elementos nocivos.

3-Quizás esté esto relacionado con lo que afirma una tercera teoría, la que asegura que la función principal de este vello es que los órganos genitales se mantengan siempre a una temperatura cálida, garantizando así su correcto mantenimiento y funcionamiento. Esto puede explicar el recubrimiento de la bolsa escrotal.

Ahora bien, llegamos a lo de ¿es necesario mantener este vello o es mejor depilarlo?…

LLegados a este punto creo que es mejor que cada uno tome su propia decisión. Eso si, personalmente creo que, dado que ya hoy lo protegemos con ropa limpia que además mantiene la zona a temperatura óptima, lo mejor es mantenernos depilados. Hay que tener en cuenta que precisamente el hecho de que sea una zona cálida y húmeda favorece también la proliferación de agentes infecciosos, con lo cual mantener una higiene lo más estricta posible ha de ser la más importante de nuestras premisas.

Además, estéticamente hablando resulta más bello. Pero claro, eso también es cuestión de gustos y preferencias.

Fuente: diasdesexo.com